
Querida Comunidad de Pensamiento Complejo,
Hoy despedimos a Edgar Morin, maestro cuya obra transformó vidas, abrió caminos y dio lenguaje a búsquedas que muchos de nosotros ya sentíamos sin saber nombrarlas. La CPC nació hace más de dos décadas como un gesto de juventud, de intuición y de rebeldía: creer que la complejidad podía convertirse en una fuerza creadora para el Sur, desde el Sur y para el Sur.
Lo que comenzó como el impulso de dos jóvenes conmovidos por la potencia del pensamiento de Edgar –Leonardo y Yamil– se convirtió, con los años, en una comunidad plural, abierta y solidaria, dedicada a religar saberes, prácticas y territorios. La CPC es hoy un espacio donde la complejidad se vive como ética, como política, como poética y como práctica responsable, humilde y apasionada.
La partida de Edgar nos duele, pero también nos convoca. Porque su legado no se conserva: se regenera. Porque su pensamiento no se repite: se reinventa. Porque su huella no se archiva: se vuelve llama.
Esa llama vive en cada uno de nosotros cuando trabajamos por democratizar el conocimiento, cuando defendemos la unidad y la diversidad humana, cuando articulamos ciencia y poesía, cuando pensamos desde el Sur y para el Sur, cuando construimos vínculos éticos y solidarios, cuando buscamos alternativas posibles en un mundo incierto.
Hoy, más que nunca, la CPC está llamada a profundizar su misión: religar personas e instituciones, cultivar la democracia cognitiva, promover la producción colaborativa de conocimiento, defender la dignidad de todas las formas de saber, y construir futuros más libres, más justos y menos crueles.
Edgar nos enseñó que “todo lo que no se regenera, degenera”. La CPC existe para regenerar: el pensamiento, la ciencia, la política, la esperanza.
Sigamos caminando juntos, con humildad y pasión, para que la complejidad sea una fuerza viva en la transformación del mundo.
Leonardo G. Rodríguez Zoya
Comunidad de Pensamiento Complejo
29 de mayo de 2026